Luego de un desgaste de más de cien días, el jefe de Gabinete de la Nación presentó su dimisión. El Gobierno, acorralado por las investigaciones judiciales y la presión en el Congreso, decidió renovar su mesa chica y designaría a Diego Santilli como sucesor en un intento por cerrar una etapa de crisis interna.
La salida de Manuel Adorni, envuelto en causas por presunto enriquecimiento ilícito, marca un punto de inflexión en la administración nacional. Tras semanas de intensas negociaciones y mientras el presidente Javier Milei se encontraba en el exterior, el oficialismo oficializó el recambio ministerial, buscando despejar el panorama político ante las causas judiciales que acechaban al exfuncionario.
La dimisión se formalizó este sábado, tras una «agonía» política que se prolongó desde marzo, cuando surgieron las primeras revelaciones sobre movimientos de fondos sospechosos y el uso cuestionado de recursos públicos. A pesar del respaldo inicial brindado por el Presidente y la secretaria General, Karina Milei, el costo político de mantener a un funcionario bajo la lupa de la Justicia se volvió insostenible para los objetivos electorales del Gobierno.
La transición y la nueva etapa
La Jefatura de Gabinete será ocupada por Diego Santilli, quien hasta ahora se desempeñaba al frente del Ministerio del Interior. El dirigente del PRO, que inicialmente buscaba concentrarse en la carrera por la gobernación bonaerense, finalmente aceptó la designación en un rol clave para la estabilidad del gabinete. Esta decisión se tomó mientras el Presidente se encontraba en Madrid, bajo la coordinación de Karina Milei y Santiago Caputo, quienes aceleraron el desenlace para evitar el desgaste de un eventual procesamiento en funciones.
Un desenlace forzado
Aunque el oficialismo intentó presentar la salida como una decisión personal, fuentes gubernamentales indicaron que fue la cúpula de poder —especialmente la secretaria General— quien terminó de convencer al jefe de Estado sobre la inviabilidad de sostener a Adorni. El temor a que el avance de la causa liderada por el fiscal Gerardo Pollicita impactara de lleno en la imagen del Gobierno fue el factor determinante.
La figura de Adorni, que supo ser una de las caras más visibles del discurso oficialista, quedó aislada en el último tramo de su gestión, incluso perdiendo el respaldo de sus aliados en el Congreso, donde la oposición ya tenía avanzada una moción de censura.
