El violento episodio ocurrió en el barrio San Alberto mientras el menor jugaba en la vereda bajo la mirada de su padre. Tras una rápida reacción, el chico logró refugiarse en su casa, pero el trauma lo marcó de cerca. «Ya me avisó que no quiere salir más de noche», relató con angustia su papá.
La inseguridad en La Matanza sumó un capítulo indignante el pasado sábado por la noche en Isidro Casanova. Un nene de apenas 10 años, que disfrutaba de un momento de juego tras la cena, se convirtió en el blanco de dos delincuentes en moto que merodeaban la zona. Según denunciaron los damnificados, los malvivientes ya habían pasado por el lugar haciendo una «inteligencia» previa para detectar el momento justo del asalto.
Todo sucedió en cuestión de segundos. Al ver que los motochorros se le venían encima de forma directa, el pequeño actuó por instinto: abandonó su bicicleta y corrió desesperado hacia el interior de su vivienda. Al mismo tiempo, su padre, Roberto, quien lo custodiaba desde la entrada, salió al cruce de los asaltantes a los gritos. La combinación del enfrentamiento verbal y el sonido de la alarma vecinal espantó a los ladrones, quienes huyeron a toda velocidad con las manos vacías.
El saldo del intento de robo no fue físico, pero sí psicológico. Roberto explicó que la libertad de su hijo se vio recortada por el miedo. «Perdió el derecho de andar en bicicleta por la calle; ahora vamos a tener que salir más temprano porque de noche ya no quiere saber nada», lamentó el vecino, comparando la realidad actual del Conurbano con la infancia que él pudo disfrutar años atrás.
El testimonio de la familia refleja el hartazgo de una comunidad que se siente acorralada. Aunque la bicicleta quedó en la vereda, la sensación de desprotección es total. «Es lo que nos toca vivir hoy», concluyó el padre, remarcando que, a pesar de que la situación no pasó a mayores, el impacto emocional en un nene tan chico es una secuela difícil de borrar.
