Frente a la pérdida del dispositivo, actuar rápido es clave para proteger datos bancarios y personales. El número de IMEI y el llamado al *910 son las herramientas centrales del protocolo oficial en Argentina.

El robo de un celular hoy implica mucho más que la pérdida de un objeto; pone en riesgo cuentas, fotos y documentos privados. Para reducir el impacto, existe un circuito formal que permite inhabilitar el teléfono y desalentar su venta en el mercado ilegal.
La pieza fundamental de este proceso es el IMEI, una suerte de DNI del aparato. Según el ENACOM, este código de 15 dígitos se obtiene marcando *#06# o revisando la caja original, y es indispensable para que las operadoras procedan al bloqueo definitivo.
En caso de siniestro, el primer paso urgente es llamar al *910 desde cualquier teléfono. Esta acción comunica el reporte a todas las prestadoras del país, impidiendo que el dispositivo sea reutilizado con otra línea o chip de manera inmediata.
Si además del robo hubo acceso a claves o uso fraudulento de datos, se recomienda realizar la denuncia en la comisaría más cercana o ante la UFECI. La denuncia formal es el único camino institucional para investigar delitos informáticos derivados del robo del equipo.
Para quienes buscan comprar un teléfono usado, el ENACOM dispone de una herramienta online para verificar si el IMEI figura en la lista negra de objetos robados. Esta medida de prevención básica ayuda a los vecinos a evitar estafas y la compra de artículos de origen ilícito.
Resguardar contraseñas y cambiar accesos sensibles debe ser la prioridad paralela al bloqueo técnico. En una era donde el smartphone concentra nuestra vida digital, conocer estos pasos oficiales puede marcar una diferencia decisiva ante una situación de inseguridad.
