La caída del poder adquisitivo modificó los hábitos alimentarios durante la jornada laboral. Los productos más económicos resisten la retracción del consumo, mientras crece la cantidad de asalariados que omite comidas o reemplaza opciones nutritivas por alternativas de menor costo.
El alfajor dejó de ocupar únicamente el lugar de una golosina, un postre o una merienda para convertirse en una alternativa rápida y económica frente a la dificultad de afrontar una comida completa durante la jornada laboral. Detrás del crecimiento de sus ventas se esconde una realidad compleja marcada por el ajuste en los bolsillos de los trabajadores.
El auge del alfajor económico frente al costo del almuerzo
En un escenario de retracción general del consumo, las ventas de alfajores se estiman en unas 12 millones de unidades diarias en todo el país. La demanda se concentra fuertemente en las versiones más económicas, relegando a los productos premium, mientras que el mercado ya supera las 100 marcas activas con decenas de nuevos lanzamientos. Ante la imposibilidad de pagar un sándwich o una comida al paso todos los días, la combinación de un alfajor y una bebida se consolidó como una salida barata pero nutricionalmente insuficiente. Las estrategias cotidianas para ajustar el presupuesto incluyen llevar comida desde el hogar, reducir porciones o postergar el almuerzo.
El 61,1% de los asalariados saltea comidas
El deterioro alimentario fue medido por el informe “La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) en conjunto con Edenred.
- Vulnerabilidad general: El estudio —basado en una encuesta a 1.171 trabajadores asalariados formales— determinó que el 83,5% atraviesa algún grado de vulnerabilidad alimentaria, y solo un 16,5% no debe reducir cantidad ni calidad.
- Omisión de comidas: El 61,1% de los trabajadores reconoció haber salteado alguna comida por falta de recursos (el 46,7% lo hace ocasionalmente y el 14,4% de manera regular).
- Impacto juvenil: El problema trepa al 70,7% en el segmento de jóvenes de 18 a 29 años, impulsado por salarios iniciales más bajos y el costo de comer fuera del hogar.
Alimentos menos nutritivos y falta de pausas
La pérdida de poder adquisitivo también golpea la calidad de la dieta: el 78,5% de los trabajadores eligió alimentos menos nutritivos por razones económicas, y el 56,2% combina ambas privaciones (saltea comidas y cambia calidad por menor precio).
Asimismo, el 22,6% indicó que suele no comer durante su horario laboral y el 26% afirmó que no realiza pausas para alimentarse. En tanto, el 36,3% considera que su dieta es poco saludable, una cifra que asciende al 44,6% entre los sectores más castigados por la doble privación. De este modo, el consumo de golosinas como reemplazo del almuerzo refleja la cruda postal de asalariados que, pese a tener empleo, no alcanzan a sostener una alimentación completa.
