Sobrevivió a múltiples robos, a una enfermedad límite y hoy lidera la Iglesia Épica y La Casa del Niño. Su particular mirada sobre la fe, el humor y el servicio social.
“Hay mucho prejuicio sobre los pastores”: la historia de Emanuel, el pastor que hace stand up y transformó el dolor en servicio
Emanuel no se considera una persona convencional a la hora de ejercer su vocación. Lejos de las liturgias rígidas y las apariencias, concibe a la iglesia como un espacio genuino donde las personas con problemas pueden acudir a buscar contención, tal como quien asiste a un hospital. Criado en el seno de una familia trabajadora donde el servicio al prójimo era una rutina cotidiana —con un padre comerciante y una madre peluquera que siempre abrían las puertas de su casa a los más necesitados—, aprendió desde chico que las urgencias reales están por encima de cualquier teoría.
El dolor como herramienta de transformación
A lo largo de su vida, Emanuel debió atravesar situaciones límite. Tras sufrir numerosos robos, la experiencia más traumática ocurrió en 2009, cuando una banda ingresó a su casa en una entradera violenta. Los delincuentes lo amenazaron y le gatillaron cerca a su hijo pequeño. Aquel episodio desató un cuadro severo de estrés que derivó en una enfermedad intestinal crónica (colitis ulcerosa), obligándolo a convivir durante años con la extrema vulnerabilidad física, el uso de pañales y dolores constantes.
Lejos de enojarse con la fe, canalizó esas vivencias desde una perspectiva de empatía y resiliencia: “Cuando estás en esa vulnerabilidad y no te enojás con tus traumas, los utilizás como herramienta para conectar con otras personas. Entendés el dolor y las enfermedades silenciosas”, reflexiona. Al cumplir 50 años, decidió volcar su historia a los escenarios a través del stand up, presentándose en reconocidas salas y plasmando sus vivencias en su libro Hago caca y vuelvo, bajo la premisa de que el humor sana y desarma los prejuicios.
De la Iglesia Épica a La Casa del Niño en Virrey del Pino
Al frente de la Iglesia Épica, Emanuel busca descontracturar la figura eclesiástica y acercar una mirada humana y cercana. Esa misma vocación lo llevó a expandir su labor social mediante la ONG La Casa del Niño, un proyecto que comenzó conteniendo a decenas de chicos en Ezeiza y que se consolidó en Virrey del Pino en plena pandemia.
Tras cruzarse con una realidad de extrema vulnerabilidad a la vera del río Matanza, impulsó la construcción de un espacio de 200 metros cuadrados dotado de cocina, comedor y baños con agua caliente para asistir a los vecinos ante las recurrentes inundaciones. Actualmente, debido a las restricciones económicas, el centro focaliza sus esfuerzos en garantizar la alimentación diaria, el jardín maternal de salas de 2 y 3 años con acompañamiento a embarazadas, y el apoyo escolar.
“La vida es un instante, es más sencilla de lo que proyectamos y nos enseñan a construir ideales que a veces no llegan y nos frustran. La vida es este momento, esta charla, mirarte a los ojos y aprender. No soy maestro de nada, soy un aprendiz de todo”, concluye.
