En una sesión legislativa que debería haberse centrado en atender las urgencias de los bonaerenses, el senador Sergio Berni optó por profundizar las grietas dentro del oficialismo. Su accionar, lejos de aportar soluciones a la crisis actual, se convirtió en un freno al funcionamiento institucional, exponiendo una agenda basada en la desestabilización política.
La Legislatura de la Provincia de Buenos Aires retomó sus sesiones tras cuatro meses de inactividad, pero la prioridad del senador Sergio Berni fue la confrontación. Su desempeño en el recinto, marcado por el incumplimiento de las normas reglamentarias y el cruce directo con la presidencia del cuerpo, dejó en claro que su rol hoy se limita a tensar la cuerda interna, sin presentar proyectos que den respuesta a los problemas que atraviesan las familias trabajadoras.
La actitud adoptada por Berni no parece responder a una necesidad legislativa, sino a una estrategia de desgaste que no ofrece ninguna alternativa constructiva. Mientras la Provincia atraviesa un escenario económico sumamente complejo, el senador utilizó el tiempo parlamentario para cuestionar la gestión de Axel Kicillof y exigir posicionamientos que él mismo, en su reciente pasado como ministro de Seguridad, evitó sostener.
Un historial de giros discursivos
La contradicción es el sello de su conducta actual. El mismo dirigente que hace pocos meses declaraba en medios de comunicación que votaría al Gobernador «con los ojos cerrados» y lo calificaba como el único candidato presidencial con visión de futuro, hoy elige el camino del ataque. Este «volantazo» político desconcierta al propio electorado y desnuda una falta de convicción que erosiona la unidad del bloque oficialista.
A diferencia de otras figuras del peronismo que, ante las dificultades, priorizan la construcción de consensos o el debate serio de leyes —incluso cuando existen diferencias de criterio—, Berni se ha posicionado como un actor de ruptura. No hay en sus intervenciones un proyecto que atienda a la emergencia sanitaria o alimentaria; solo hay reproches de tono personal.
La dispersión como estrategia
La disputa interna en la que insiste Berni no solo es estéril, sino que perjudica la capacidad de reacción del Gobierno provincial frente al ajuste nacional. Mientras el Ejecutivo provincial debe gestionar una provincia con demandas crecientes, el senador utiliza su espacio como jefe de bloque para generar ruidos que solo sirven para debilitar la figura del Gobernador frente a la sociedad.
La comparación con otros antecedentes del peronismo es inevitable. Cuando dirigentes como Leandro Santoro, con un pasado de fuertes críticas al kirchnerismo, se integraron al espacio para construir una propuesta electoral, la dinámica fue la cohesión. Por el contrario, Berni parece actuar bajo una lógica inversa: la de un dirigente que, carente de propuestas propias para presentar en el recinto, prefiere erigirse como el arquitecto de un conflicto.
