Informes médicos y testimonios revelan una escalada de casos en hospitales bonaerenses. Especialistas y organizaciones debaten sobre la necesidad de abandonar la criminalización y brindar herramientas de cuidado y acompañamiento a las madres.
Un bebé que llora sin consuelo, con un llanto imparable que no responde al hambre, al sueño o al abrigo, transita un cuadro de abstinencia neonatal debido a la falta repentina de las sustancias psicoactivas que recibió durante la gestación. Este fenómeno registra un incremento significativo en hospitales de Argentina y del mundo.
El hallazgo y el impacto en las maternidades
La problemática salió a la luz en 2023, cuando un equipo periodístico de la revista Anfibia realizaba entrevistas para un podcast sobre lactancia en un hospital de la provincia de Buenos Aires. Allí, las médicas advirtieron que el consumo durante el embarazo y la lactancia —uno de los pocos motivos médicos para suspender provisoriamente el amamantamiento— venía experimentando un aumento muy exagerado, al punto de dejar neonatologías colapsadas.
Un relevamiento realizado por el medio cordobés Ruido en las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires reflejó que, en el plazo de un año, los análisis toxicológicos positivos aumentaron un 128%. Por su parte, datos del Ministerio oficiarían indicando que entre el 5% y el 10% de las personas gestantes admite el uso de drogas ilícitas, cifra que asciende hasta el 40% en poblaciones de alto riesgo.
Historias de vulnerabilidad y la búsqueda de red
Entre los casos relevados se encuentra el de Cintia, una madre que atravesó años de consumo problemático, violencia y la pérdida de la custodia de sus hijos, pero que encontró en una nueva maternidad una oportunidad de reconstrucción. A pesar de haber transitado su embarazo limpia, debió enfrentar prejuicios institucionales hasta recibir el respaldo de organizaciones sociales dedicadas a la reducción de daños y al acompañamiento de mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad.
Los especialistas señalan que los recién nacidos afectados presentan síntomas severos como inquietud, temblores, dificultad para respirar, convulsiones, fiebre, vómitos e insomnio. Asimismo, advierten sobre un «espectro de efectos» que incluye bajo peso al nacer, restricción del crecimiento uterino y posibles déficits en el desarrollo. Ante este escenario, equipos interdisciplinarios y campañas de concientización enfatizan la importancia de no criminalizar a las madres, sino comprender el entramado social de vulnerabilidad y ofrecer redes de contención eficaces.
