Una investigación de fuente primaria elaborada por especialistas comparó cohortes de alumnos de entre 8 y 15 años. El retroceso se concentra en el razonamiento verbal, mientras crecen los desafíos asociados al uso de pantallas y la atención.
Un estudio elaborado por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad junto con la Escuela de Educación de la Universidad Austral vuelve a encender las alarmas sobre el déficit de capacidades y habilidades cognitivas de los estudiantes argentinos. A igual franja etaria, pero analizando a diferentes individuos y establecimientos en cada grupo, los chicos evaluados en 2023 obtuvieron 3,6 puntos menos de coeficiente intelectual (CI) total que los medidos en 2013, registrando además un descrédito del 8,4% en las habilidades verbales.
La investigación se basó en una fuente primaria que analizó a 849 niños y adolescentes de entre 8 y 15 años pertenecientes a escuelas privadas mediante la aplicación del instrumento K-BIT (que evalúa habilidades verbales, no verbales y CI total). Estos datos fueron cruzados con las mediciones de las pruebas estandarizadas PISA y Aprender para contextualizar los resultados a nivel sistémico.
Las autoras del informe —Victoria Bein, Rocío González, Cecilia Adrogué, Florencia Daura, Gabriela Liliana Krumm y Vanessa Arán Filippetti— explicaron que las muestras coincidieron en edad y metodología, abarcando a una veintena de instituciones educativas a lo largo de las distintas mediciones.
El retroceso de las habilidades verbales y el «efecto Flynn»
El deterioro cognitivo detectado se concentró fuertemente en el terreno verbal: el promedio general pasó de 99,4 puntos en 2013 a 91,03 puntos en 2023, mientras que las habilidades no verbales mantuvieron mayores niveles de estabilidad. Este comportamiento resulta compatible con una desaceleración o reversión del histórico efecto Flynn, fenómeno que describía incrementos generacionales en el coeficiente intelectual.
Consultada sobre esta disparidad, Victoria Bein detalló que el razonamiento verbal depende en gran medida del contexto, los estímulos y las experiencias cotidianas, a diferencia de la lógica matemática. En esa línea, advirtió que la exposición creciente a la tecnología y la hiperdigitalización temprana podrían haber incidido de manera negativa sobre el desarrollo de estas capacidades lingüísticas.
Asimismo, el trabajo exploró las disparidades socioeducativas al comparar en 2023 a 89 alumnos de escuelas públicas frente a 184 de instituciones privadas en la provincia de Buenos Aires. Allí se constató una marcada distancia de 26,79 puntos en el CI total, una brecha que las investigadoras atribuyen de forma directa a las condiciones estructurales, socioeconómicas, familiares y de entorno que rodean a los estudiantes.
Desatención, pantallas y el impacto en la reserva cognitiva
A su turno, el médico neurólogo Conrado Estol advirtió que no se trata únicamente de una merma en los contenidos académicos asimilados, sino de «un freno real en el desarrollo de sus capacidades cognitivas». El especialista enfatizó que el uso indiscriminado de dispositivos electrónicos afecta directamente los umbrales de atención necesarios para fijar conocimientos duraderos. «Cuando una herramienta, como el celular, le saca al cerebro el esfuerzo de producir, la huella de memoria necesaria para aprender de verdad no llega a formarse», sostuvo.
Estol agregó que este déficit trasciende el ámbito escolar inmediato, comprometiendo la construcción de la llamada reserva cognitiva: «Lo que no se estimula en la infancia y la adolescencia deja una huella que aparece recién cuarenta años más tarde», alertando sobre la necesidad de jerarquizar la labor docente y proteger a las infancias del uso excesivo de pantallas e inteligencia artificial.
Por su parte, la pedagoga Silvia Mora aportó otra mirada al señalar que el obstáculo principal radica en la pérdida sostenida de concentración frente a múltiples estímulos digitales. No obstante, la especialista en educación Guillermina Tiramonti propuso contemplar un cambio de paradigma cultural, sugiriendo que, si bien se debilitan ciertas destrezas vinculadas a la cultura letrada tradicional, emergen nuevas competencias digitales de procesamiento simultáneo de información que todavía no logran ser captadas por los instrumentos tradicionales de evaluación.
