A sus 21 años, este deportista matancero divide sus días entre las pistas de atletismo, el estudio y un emprendimiento local. Sin embargo, su iniciativa más impactante nació de la mano de un grupo de amigos: recorren las calles para llevar comida y asistencia a personas en situación de calle, logrando casos de rescate que se hicieron virales.
Hipólito Pereiro es un joven que no entiende de límites. Con la camiseta de la Selección argentina de atletismo puesta, una carrera universitaria en curso y un negocio propio que construyó desde la adolescencia en Lomas del Mirador, encontró un propósito mayor: la ayuda solidaria. Lo que empezó como una pequeña iniciativa junto a su grupo de amigos para asistir a personas en situación de calle, se transformó en un motor de esperanza que ya logró historias de vida recuperadas, como la de Maxi, un joven que tras el video viral pudo reencontrarse con su familia en Santa Fe.
Nacido y criado en el partido de La Matanza, la vida de Hipólito estuvo marcada por el esfuerzo y el ejemplo familiar. A los 15 años, con el deseo de ganar independencia, puso en marcha un emprendimiento de ropa que hoy, casi seis años después, cuenta con un local físico y un equipo de trabajo consolidado. Su disciplina también lo llevó a las pistas: tras dejar el fútbol por un entorno hostil, descubrió en el atletismo su verdadera vocación, convirtiéndose en campeón nacional de 3.000 metros con obstáculos y representante nacional en el Sudamericano Sub-23.
Pero su energía no se agota en el deporte. Junto a su círculo íntimo, decidió que no era necesario esperar al «momento perfecto» para ayudar a quienes menos tienen. Con una «vaquita» y voluntad, comenzaron recorridas nocturnas por zonas como Flores y Retiro. «Nos pusimos a pensar y nos dimos cuenta de que si vivís esperando el momento perfecto, nunca llega», relató el atleta.
El proyecto dio un giro cuando registraron su labor en redes sociales. El video de un encuentro con Maxi Ortiz, un joven en situación de extrema vulnerabilidad, se viralizó y movilizó a cientos de personas. Tras días de búsqueda, Hipólito y su grupo lograron localizarlo, brindarle refugio momentáneo y costear su pasaje de regreso a Rufino, Santa Fe, donde Maxi pudo reencontrarse con su familia. «Es una locura», cuenta Hipólito con humildad, mientras se prepara para un entrenamiento de altura en Cachi, Salta, con la mirada puesta en nuevas competencias, pero siempre con el corazón atento a las necesidades de la calle.
