Tras registrarse 5.209 casos en 2025, la cifra más alta desde que existen registros, el psiquiatra Demián Rodante advirtió sobre la gravedad de esta problemática. El especialista analiza el impacto del padecimiento social, la importancia de romper el tabú en la comunicación y la urgente necesidad de implementar políticas de prevención integrales.
Argentina atraviesa un momento crítico en materia de salud mental. La tasa nacional ha escalado a 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes, superando por tres veces la cantidad de homicidios dolosos en el mismo período. Ante este escenario, expertos señalan que, aunque parte del aumento se debe a una mejora en la metodología de registro, las cifras exponen un profundo «padecimiento social» que requiere una respuesta urgente y coordinada por parte del Estado.
Demián Rodante, jefe de servicio en el Hospital Moyano y vicepresidente del capítulo de Suicidiología de APSA, sostiene que este fenómeno complejo no tiene una única causa, sino que es el resultado de una multiplicidad de factores: la dificultad de acceso a servicios de salud mental, la escasez de profesionales capacitados en prevención y el silencio que rodea al tema.
«El problema silencioso es porque no hay repercusión muchas veces. A nivel de los medios hay cierto tabú al respecto», señaló Rodante, quien enfatiza que la comunicación responsable es una herramienta clave de prevención. Según el especialista, el miedo a hablar sobre el suicidio suele ser contraproducente, cuando en realidad la clave está en el abordaje directo y claro ante las señales de alerta.
Señales de alerta y prevención
Un dato revelador es que, según estudios clínicos, el 80% de las personas que realizan un intento de suicidio han transmitido señales de alarma en el último mes. Estas manifestaciones, aunque a veces sutiles, pueden ser detectadas por el entorno cercano:
- Cambios de comportamiento: Reducción marcada en la interacción social.
- Desinterés: Abandono de actividades habituales.
- Alteraciones en redes sociales: Disminución de la actividad o cambios en la forma de vincularse.
Para Rodante, el abordaje debe ser concreto: «Tenemos que ser superclaros. Preguntar abiertamente si una persona deseó estar muerta. La respuesta es sí o no».
La deuda de las políticas públicas
Pese a la magnitud de los números, el psiquiatra advierte que Argentina sigue «corriendo el problema de atrás». Mientras otros países han logrado reducir las tasas mediante estrategias universales en escuelas y la capacitación sistémica de profesionales, en nuestro país las políticas públicas permanecen fragmentadas y desarticuladas.
«Si queremos bajar las tasas de suicidio, las políticas tienen que hacer foco y llevarse a la práctica. Esto, lógicamente, no está pasando», concluyó el especialista, marcando la urgencia de transitar de la atención individual a una estrategia sanitaria integral y prioritaria.
