Ariana Yael González (36), quien había declarado la semana pasada en el juicio que condenó a los asesinos del trader Fernando Pérez Algaba, fue encontrada sin vida en su domicilio de la calle Brandsen. La Justicia inició una investigación por averiguación de causales de muerte para descartar cualquier tipo de irregularidad, dada la relevancia de su testimonio en el caso.
El hallazgo del cuerpo de Ariana Yael González en una vivienda de Lomas del Mirador ha conmocionado al ámbito judicial. La mujer, que había aportado información crucial como testigo en el juicio por jurados que declaró culpables a Maximiliano Pilepich, Nahuel Vargas y Matías Gil por el asesinato y descuartizamiento de Fernando “Lechuga” Pérez Algaba, fue encontrada colgada en una de las habitaciones de su casa. Si bien las pericias preliminares apuntan a un suicidio, la UFI Temática de Homicidios de La Matanza investiga las circunstancias del deceso ante la sensibilidad del contexto.
González no era una testigo periférica en la trama criminal. Había mantenido una relación sentimental con Pilepich y conocía desde adentro la dinámica del predio «Renacer» en General Rodríguez, el lugar donde se concretó el encuentro mortal y donde posteriormente se realizaron maniobras para borrar evidencias. En su declaración ante el tribunal popular la semana pasada, Ariana había señalado a Pilepich y a Javier Ferrer como los dueños del predio y había detallado la firma de documentación que, según la investigación, funcionó como el «anzuelo» para atraer a la víctima.
Además de su vínculo afectivo con uno de los condenados, la mujer había descrito ante el jurado la relación «de amor-odio» que existía entre Pilepich y Pérez Algaba, marcada por deudas de dinero y tensiones constantes. La muerte de González, ocurrida apenas días después de haber prestado testimonio contra los empresarios culpables, ha motivado que el fiscal Adrián Arribas ordene medidas de prueba exhaustivas.
La autopsia confirmó que la causa del fallecimiento fue asfixia por compresión. No obstante, la investigación busca determinar si existió algún tipo de instigación o presión sobre la testigo. En las próximas horas, la Justicia se enfocará en el análisis de sus dispositivos electrónicos, el registro de comunicaciones, la revisión de cámaras de seguridad de la zona y una ronda de testimonios en su círculo cercano para reconstruir sus últimas horas. La vivienda, ubicada en la calle Brandsen al 3500, permaneció bajo estricta preservación para los peritajes de rigor.
